12 de noviembre de 2016

Eras tú.



Yo no supe ser fuerte si tú no estabas a mi lado, rehuía los problemas y me negaba a mí misma que al igual que otros en las dro
gas, yo había caído en ti. Tú eras mi obsesión, mi locura, mis ganas de perderme hasta los Madrid-Barça si la recompensa era pasar un simple rato a tu lado.

Tú me has roto, me has roto en mil pedazos cortantes, pero también has arreglado cada esquina para que no me hiciese daño yo misma con ellos. Eres una contradicción en toda regla, un ángel y un demonio y, a pesar de todo, nunca fuiste para mí lo que yo quise que fueras. 

Me dolías tú y me dolía yo. No hubo nada más doloroso que el primer “adiós” que, a pesar de ser tan solo un “hasta luego” hizo que los días pasasen lentos y las semanas aún más largas. Cada vez que te ibas me moría por volverte a ver, te imaginaba, te creía a ti en la cara de todas esas personas desconocidas que pasean por las calles de Madrid, te soñaba… Y luego te volvía a ver y a pesar de no haber pasado ni un mes suspiraba por un abrazo que me cortase la respiración sabiendo que, aunque nunca llegaría, siempre me quedarían esos dos besos que me dabas casi por obligación, casi sin querer. La historia se repetía, tú te ibas y yo me quebraba pero siempre me quedaba, pensando que Madrid es más bonita cuando las Navidades se pasan escuchando historias a tu lado. Eras tú y eso, eso me era suficiente. 

El tiempo ha pasado, ahora creo ser fuerte, ya no te pienso como antes ni me dueles de la misma forma, pero aún me toco las cicatrices de este corazón que tantas veces ha sufrido cuando alguien te menciona. No estoy rota, solo herida, pero todas las heridas curan si se cuidan como el alma. Ahora solo me falta conseguir que esto que late en mi pecho y que se empeñan en llamar corazón no retumbe cuando hablas.

Cada uno ha seguido adelante, ya no existen las confesiones inoportunas ni las palabras incómodas, cada uno ha rehecho su vida y a pesar de que a veces me mata he conseguido que ese abrazo con que tantas veces soñé enamorada sea solo un paso más en esta relación de confianza.

7 de noviembre de 2016

Te doy la oportunidad



Te doy la oportunidad de venirte conmigo y despistarnos juntos. Te doy la oportunidad de que te dejes querer, de que vuelvas a reír y de reírte de mí cada vez que, dando rienda suelta a mi torpeza, me tropiece con el adoquín inexistente de la calle que me hace poner cara de susto, esa de la que tantas veces te burlas. Te doy la oportunidad de pasear de la mano por Gran Vía y de que veas que Madrid no es tan malo como crees si es de la mano de alguien a quien quieres, sobre todo porque entre beso y beso te pierdes. Te doy la oportunidad de que te pierdas solo para que después te encuentres conmigo, entre las sábanas, o quizás solo sentados recordando que, antes que esto, fuimos amigos. Te doy la oportunidad de que encuentres ese cambio que tantas veces has buscando, de que huyas del pasado que parece perseguirte y que te tiene atado. 


Te doy la oportunidad de que seas tú, tan tú como más de una vez me has demostrado que puedes llegar a ser; te doy la oportunidad de que no finjas, de que rías como cuando estamos juntos y me cuentas, casi susurrando, todo aquello que ha pasado este verano y no te puedes ni creer. Te doy la oportunidad de que llores, de que des rienda suelta a esas lágrimas que tanto has aguantado por temor a que alguien te dijese que no, que no estabas hecho para eso, que eras demasiado débil; te doy la oportunidad de que llores si luego me dejas que te diga que aunque el resto no, yo sí creo en ti y eso, eso debería bastarte para que tú confíes en ti. Te doy la oportunidad de hacernos mejores juntos, de que a pesar de las caídas siempre nos levantemos de la mano. Te doy la oportunidad de que me cures, de que me destroces y me arregles como si fuese ese puzle con el que no cesas de frustrarte cada día pero que sabes que vale la pena acabar. 


Te doy la oportunidad de que escribas la historia a tu manera, pero te pido que no exista el punto final, que esto sea una utopía que has decidido convertir en realidad; te cedo el bolígrafo, el lápiz, la pluma o el teclado, te cedo lo que quieras con tal de que seas tú quien ponga las comas y las tildes a esta historia que empezó por el final, in extrema res lo llaman.


Te doy la oportunidad de que luches por algo si crees que merece la pena, de que te decidas a luchar por ello y no te acurruques en los brazos de cualquiera sin sentir siquiera. Te doy la oportunidad de que, por una vez, veas algo en ti que no sea malo, de que entiendas que, al final del bucle, existe un desvío a tu “yo” interno, ese de mirada limpia y confianza en sí mismo. Te doy la oportunidad de que veas la luz que yo veo en ti, de que entiendas que a pesar de todos los fragmentos cortantes que presentas no hay nada más poderoso que tus sentimientos. Te doy la oportunidad de que sientas, de que te quemes y te hieles por el efecto de las palabras o por cómo puedo recorrer tu cuerpo sin tocarte y lo que te hace sentir. 


Te doy la oportunidad de que cambies los versos del poema y que en vez de desamor sea lujuria lo que ves en ellos, amor. Te doy la oportunidad de que leas el final sin conocer el principio. Te doy la oportunidad de que entiendas, al final, que no somos tan mal sitio como para quedarse a vivir en él y que sepas que, por ti, yo daría el cien por cien. 


En fin, yo te doy la oportunidad, decidir, decides tú.


30 de septiembre de 2016

Esta vez algo diferente.


ME ACOSTUMBRÉ

Moría de frío y me cubriste, 
me cubriste de palabras y caricias, 
Atardecer desde el Templo de Debod, Madrid.24/09/16
me llenaste la cabeza de iusiones, 
de sueños y promesas.

Me acostumbré a tenerte, 
a que mis días fuesen más amenos, 
a tu compañía.

Me acostumbré a la vida, 
me acostumbré a vivirte
y, sobre todo, me acostumbre a vivir en ti.

Entré en calor y te marchaste,
no te eché, no me fui, 
te marchaste. 

Y de golpe volvió el frío, 
pero no, esta vez no me cubriste,
esta vez se quedó el hielo
y como el hielo quedé yo.

ACM.

28 de septiembre de 2016

Una carta para dedicar

"NO TE VAYAS
Pues apareció alguien que, solo con tu mirada y dos frases sueltas, lo entendió todo. Se dio cuenta de que tus pensamientos son tantos que hasta duelen, que los callas día tras día.

Y luego, joder, mira a tu alrededor y hay personas que las tienes delante durante miles de horas, con las que compartes miles de cosas, detalles y viajes, puede que incluso sexo y sofá, y no se enteran de nada. Ni cuenta de que algo pasa.

Y yo qué sé, no te vayas".-DEFREDS (Cuando abras el paracaídas) @Defreds

Muchas personas hablan de suerte sin saber qué es tenerte en su vida, hablan de suerte sin conocerte, sin poder contar contigo cuando lo necesitan, hablan de suerte sin saber de ti. Sin embargo tú fuiste mi suerte desde que te conocí, fuiste mis razones para dar gracias una y mil veces al azar que me puso en tu camino. 



Pocas veces me gusta decir que alguien es fundamental en mi vida y estoy más que acostumbrada a confiar en esa persona y después darme la hostia cuando después de dar, dar, dar... nunca hay nada a cambio, siempre vuelves a casa de vacío, con la sonrisa emborronada y unas ojeras incipientes de tanto llorar. Sin embargo, sigo creyendo que vale la pena arriesgarse, que algún día las decepciones desaparecen y alguien te demuestra que uno más uno no son siempre dos, que depende de cómo lo mires y con quién. En mi caso esa persona es mi suerte y nadie puede hablar de ella sin conocerla, porque para cada uno es única y eso, eso es lo más importante. Nunca creí que encontraría algo así, que dejaría a un lado los complejos para dedicar el 100% de mí misma a alguien que me lo aporta todo, absolutamente todo, pero a veces tenemos que volver atrás en el camino y quién sabe, quizás alguno de esos errores sea, en realidad, el mejor acierto de nuestras vidas.



Hablo de suerte y hablo de "ti", pero no es "tú" concreto, son todas esas personas que aportan algo en mi vida, un cariño con el que te quedas sin respuesta, soluciones, un apoyo moral, lo que sea... Sé que para otros este "Tú" no será el mío y que algunos ni siquieran han encontrado su suerte, quizás otros la tengan al lado y estén ciegos ante ella e incluso es posible que alguno la haya dejado pasar; pero ya os digo que nada es imposible, que de los errores se aprende y hasta el ciego aprenderá a ver, que si alguien está hecho para otro alguien volverá, aunque pasen meses y meses, pero lo hará, porque no hay más ciego que el que no quiere ver y hasta de eso se cansa uno.

Ha pasado el tiempo y sigo pudiendo contar contigo, contar hasta quedarme sin dedos en la mano libres para ver cuántas veces me has apoyado, cuántas veces me has animado en mis altibajos, cuántas veces me has cogido de la mano incluso cuando ni yo misma me veía capaz de seguir adelante... El tiempo pasa, pero nosotros no, nosotros cambiamos evolucionamos, pero seguimos ahí, el uno para el otro a pesar de que el camino no ha sido fácil, sí, lo sé, sé que muchas veces me pongo insoportable, que no paro con querer asegurarme de que no me vas a dejar así de buenas a primeras... Pero, ¿puede alguien culparme por intentar conservar mi suerte? Tengo que darte las gracias por haber estado ahí en cada momento, por haber creído en mí, por haber confiado hasta cuando nadie más lo hacía, ni yo creía en poder seguir; darte las gracias por ser mi día a día, la persona con quien disfruto manteniendo hasta la conversación más absurda, aquella con la que sé que las promesas y confesiones no caen en saco roto y que, si algo me pasa, va a estar ahí a los dos minutos para intentar sacarme la más sincera de las sonrisas; en fin, que tengo que darte las gracias por ser mi suerte.

Y recuerda: seas quien seas, vengas de donde vengas, te llames como te llames, quieras a quien quieras, siempre serás la suerte de alguien y, si no encuentras tu suerte, espera, llegará hasta quizás cuando menos te la esperes, pero lo hará porque todo lo bueno, como ya sabemos, se hace esperar. Pero, de todas formas, si has llegado hasta aquí es porque eres la suerte de alguien y eso, eso no debería olvidársete nunca, es muy importante.

Gracias.


16 de septiembre de 2016

Casi sin querer.

En realidad ya no sé cómo empezar, me he quedado sin palabras, sin ideas, sin razones... No quise dar nada y lo he entregado todo, casi sin querer, como pasan las cosas buenas. Casi sin querer nos enamoramos, las cosas empiezan como un pequeño juego entre dos y acaban en un juego en que dos se funden en uno; casi sin querer pasan los meses, sin que nos demos cuenta de que ayer era junio y hoy es septiembre, de que anoche chapoteábamos divertidos buscando la mejor compañía para las largas noches y mañana buscaremos quien nos arrope mientras vemos las hojas de los árboles caer; casi sin querer algunas personas se hacen imprescindibles en nuestras vidas; casi sin querer un día están y otro no; casi sin querer...

Últimamente siempre que preguntan mi respuesta, casi inmediata, es un "estoy bien", otro de los muchos "sin querer" que se han agarrado con fuerza a mi vida; no miento, "estoy", pero tampoco digo la verdad, "bien" bien, tampoco es que esté, simplemente lo digo para evitar esas miles de preguntas que no sabría responder, especifico: ¿Qué te pasa?/ ¿He hecho algo mal?/ ¿Por qué no me dices la verdad? Y un largo etcétera, pero en serio, no es que me pase algo en concreto, no es que esté mal o que quien me lo pregunte haya hecho algo que no me guste (a ver, esto también puede pasar, pero vamos, que no soy de enfadarme por alguna tontería, al menos no por mucho rato), tampoco es que haya una verdad que contar, simplemente me falta uno de esos tantos "sin querer" que se instauró en mi vida en forma de necesidad y que nunca fui capaz de descubrir del todo; un "sin querer" que apagó la luz pero dejó todas las estrellas encendidas.



Dichosos "sin querer", qué complicado lo hacéis todo cuando queréis.

La verdad es que espero llegar al final de ese túnel algún día, descubrir mi "sin querer" perdido y poder decir ese "estoy bien" sincero que tanto he necesitado y, a día de hoy, aún necesito, pero a día de hoy me basta con vivir, con disfrutar de las pequeñas cosas que me hacen feliz, con los momentos de soledad en que como este me pongo a pensar, e incluso a escribir; me basta con disfrutar de las personas que hacen de mi vida un conjunto de felicidad, casualidades y más de un "sin querer"; me basta con perdonar y conseguir que me perdonen y quién sabe, quizás algún día así encuentre mi "sin querer", pero de momento solo me queda decir "estoy bien".

30 de julio de 2016

It's never been harder, saying "goodbye", I mean.

"Nos mirábamos en silencio. Nos miramos fríamente. Y en verdad... me dolió"

 Hay veces en las que ciertas personas entran en tu vida de tal forma que te es imposible pensar en un futuro sin ellos en ella, personas que forman parte de tu día a día, que tú has permitido entrar en tu círculo de confianza (en tu "burbuja" por llamarlo de alguna forma), personas que sin importar lo roto que estabas han sabido crear un vínculo que sorprendentemente ha puesto orden en el caos; el problema comienza cuando esas personas que tan mágicamente han aparecido en tu vida tienden a desaparecer tan mágicamente como desaparecieron, cuando llegan las despedidas, despedidas que no llevan anexas necesariamente un "nos vemos pronto" o cualquier tipo de promesa suficientemente fuerte de que esa no será la última vez que os abracéis, os riais juntos, os deis un beso...

Si nos paramos a leer el diccionario el verbo "despedir" tiene un gran número de acepciones y un gran número de ellas llevan implícitas acciones como soltar, desprender, arrojar, alejar, apartar o renunciar; despedirse de alguien es en cierto modo renunciar a esa persona, apartarte de ella y alejarla por un tiempo, la pregunta es, ¿por qué alejamos entonces a gente que ha entrado de manera tan especial en nuestras vidas? ¿Por qué no somos siquiera capaces de comprometernos a que habrá una próxima vez?

Las despedidas están siempre cargadas de emociones, todos los momentos que has vivido con la persona de la que te despides te recorren por dentro, quizás porque no puedes estar seguro de si podrás volver a vivir algo parecido con esa persona o siquiera con otro cualquiera, algo así como la vida pasándote por delante cuando has llevado a cabo algo peligroso y pensabas que tu vida estaba en juego. 

Todo esto me hace pensar en lo poco que valoramos los momentos, pero no solo esto, sino también la gente que está en ellos y la vida en general; no sabemos apreciar lo que tenemos hasta que lo perdemos, luego viene el echar de menos, las lágrimas y el intentar buscar algo (o alguien) que pueda siquiera parecerse a lo que en algún momento tuvimos. Por eso yo pido que vivamos, que apreciemos lo que tenemos: las oportunidades que se nos presentan, la gente que está en nuestras vidas (abuelos, padres y demás familia, amigos y, en general, cualquier persona que pueda hacer de estas siquiera un poquito mejores), los destinos que visitamos, que vivamos el momento y no la fotografía que de este hicimos, que a veces estamos tan ocupados que se nos olvida que hay vida fuera de nosotros mismos y que sin ella no seríamos nadie. Sí, soy consciente de que la teoría es fácil, que lo digo desde detrás de una pantalla y que ponerlo en práctica es lo complicado, pero también hay una cosa clara: "quien no arriesga no gana", así que mejor vivir ahora, sin despedirse, antes de que ya sea demasiado tarde.


19 de julio de 2016

Yo solo quiero darle las gracias al tiempo...



Yo solo quiero darle las gracias al tiempo…

Enamorarse es inevitable. Las cosas vienen cuando vienen, hay cosas que esperamos y otras que no. Se suele decir que el tiempo pone todo en su lugar y, desde la experiencia, creo que empiezo a poder decir que así es. Uno puede intentar olvidar a alguien durante meses y más meses, de una forma u otra, pero no será hasta que no nos lo esperemos que esto pasará, olvidaremos, daremos las oportunidades que hasta ahora hemos dejado pasar gustosamente a las nuevas experiencias que tanto tiempo llevan intentando entrar en nuestra vida y, quizás, hasta seamos más felices.



Pese a todo, no voy a negar que hay personas que dejan más huella que otras, que hay experiencias que te llenan más y otras que te dejan totalmente vacío y roto por dentro, pero de todo se sale. Conozco sobradamente esa sensación de sentirse lo peor del mundo, lo más abajo posible dentro de la escala social; he tenido las emociones a flor de piel una y otra vez durante meses, qué digo meses, años; he tenido en una persona mi más peligrosa droga hasta el punto de depender de ella tanto como para en su ausencia sentirme perdida; pero también he salido, también he dejado esa dependencia de lado y he conseguido empezar a creer en mí misma, no siempre, pero sí de vez en cuando, poco a poco y, como yo, cualquiera podría salir.

Esta vez quiero dar las gracias al tiempo, darle las gracias por enseñarme, por hacer que poco a poco las cosas dejen de doler, aunque cueste lo impensable; darle las gracias por enseñarme a confiar, tanto en mí como en la gente; darle las gracias por poner en mi camino a gente increíble y por apartar de él a quienes no aportaban nada positivo, porque la vida no es solo dar, que también es recibir; darle las gracias por enseñarme a enfrentar los problemas de otra forma, con más paciencia que arte y más esfuerzo que ganas; en fin, solo quiero darle las gracias al tiempo por poner las cosas en su lugar y a mí con ellas.