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3 de enero de 2018

Reflexiones (navideñas).

Me gustan las personas que rompen los esquemas, personas que no te esperas, que aparecen por casualidad. Esas personas son especiales.
A lo largo de mi vida me he cruzado con alguna de estas personas y no siempre he sabido recomponerme del efecto que han tenido en mí. Una de estas personas, quizás un par, me rompieron en pedazos y cambiaron mi forma de ver el mundo cuando menos me lo imaginaba, me hicieron llegar apreciarme, llegar a apreciar las cosas que podía hacer, creer en mí y, además, creer en ellas.
Lo que no me esperaba era la aparición de una última persona, una persona que me ha roto tantos esquemas que no sé si alguna vez seré capaz de recomponerme, de volver a ver el mundo como yo lo imaginaba, cómo creía que era y es que, quizás, el mundo no fue nunca algo fijo, sino cambiante, en el que cada persona aporta una pieza del puzzle y cuando dos piezas se juntan puede ocurrir algo maravilloso, algo muy difícil de explicar y raro, realmente raro. Quizás algunos lo llaméis amor, pero no es necesariamente eso, puede ser una simple conexión mental, el sentirte tan identificado con otra persona que sea difícil no "ver" el mundo a través de dos pensamientos en vez de uno solo.
Esta vez no sé si he perdido a "mi" persona (no me gusta eso de "poseer" a nadie), pero estoy segura de que en este poco tiempo he ganado mucho más que una amistad: he ganado en mí, he ganado en ella, he ganado en visión y en diferencias. No creo que sea algo fácil de dejar ir, al contrario, pero a veces no hay una segunda oportunidad, por ello, os pido que si alguna vez encontráis a esa persona, se lo hagáis saber y, si podéis, no la dejéis ir.

20 de noviembre de 2017

Al descubierto.

"Esta es una noche perfecta para escribir un poco" y así noche a noche durante tres meses y medio. Siento la ausencia, de verdad que lo siento, sobre todo porque soy consciente de que a principios de año me propuse escribir cada mes. Sin embargo, admito que he estado muy abajo emocionalmente hablando durante estos dos últimos meses y que quizás no era el mejor momento para escribir.
El otro día empecé a escribir algo así:

"Creo que he empezado este texto entre cien y doscientas veces. Ninguna (y cuando digo ninguna lo digo de forma literal) me ha llenado, no me he sentido cómoda escribiendo esto y por eso lo he dejado cien veces a medias, sin acabar. Escribir, para mí, muchas veces ha sido cuestión de inspiración, de que llegara el momento adecuado, pero desde hace un tiempo no hay nada que me inspire a este nivel y es más cuestión de esfuerzo que de otras cosas. 

Hace un tiempo que me siento estancada, estancada a todos los niveles y así de estancada se ha quedado mi escritura.

Cuando empecé el curso me propuse que este año todo iba a cambiar, pero tres meses (todo septiembre, todo octubre y lo que llevamos de noviembre) después puedo decir que sí, todo ha cambiado, pero seguimos igual. A veces los pequeños cambios llevan a grandes cambios, pero otras los cambios son inapreciables en la vida general. "

A día de hoy vengo a hablaros de esos pequeños cambios y lo que conllevan. Sorprendentemente, todo lo que llevaba dentro estos dos últimos meses conseguí sacarlo, en cierto modo, en estos dos últimos días. Sí, dos meses en dos días, quizás suene un poco a locura, pero hoy me siento feliz, cansada, sí, pero feliz y eso llevaba mucho tiempo sin decirlo.

Cudillero, Asturias. Calma. 

En estos dos meses aún me pesaba un poco la falta de toda esa gente que me acompaña cada verano y todo lo que me llevo de cada uno, me pesaba porque, como ya he dicho más veces, sigo sin sentirme "en casa" aquí a pesar de llevar casi toda la vida por esta tierra, seguía sin encontrar a personas con las que ser yo, con las que mostrarme en confianza.

Como todo, creo que la vida se basa en rachas, estabilidad con bajones y subidas, lo importante es saber hacer frente a todo ello. Esto es algo que no he sido capaz de aprender nunca, siempre he sido de quedarme mucho tiempo en los bajones y no sacarle partido a las subidas, pero he decidido (cuánto me dure ya es otro tema) intentar cambiar eso y por esta razón me he decidido a escribir hoy, a abrirme, para recordarme cuando caiga que también se puede estar arriba, que también se puede estar bien.

En una semana vuelvo al hospital, a la rutina de las pruebas y demás y, aunque después de algo más de cuatro años en que las visitas han llegado a hacerse semanales debería estar acostumbrada, sigo nerviosa. Nerviosa por el qué pasará (y eso que sé que ya no hay nada más que revisiones) y sí, quizás esto también sea una razón para escribirlo. En cierto modo tengo miedo, miedo a no saber salir del aquí y ahora, a limitarme a pensar en pasado y no abrirme al futuro, futuro del que he borrado a mucha gente por miedo a hacernos daño o, quién sabe, quizás a hacérmelo a mí. Creo que siempre he vivido con miedo, un miedo irracional y una falta de capacidad para mantener a la gente a mi lado, miedo a que por una vez que te hagan daño todas vayan a ser así.

Soy consciente de que a día de hoy estoy donde estoy no solo por quien soy, sino por la gente que me ha acompañado a lo largo del camino, pero también soy consciente de que de este camino he echado a mucha gente que se merecía estar y quizás no haya dejado a nadie de verdad. Por eso quiero agradecer con el corazón a quien ha entrado y no se ha ido, a quien a pesar de los gritos, cabreos, ataques de ansiedad, inseguridades y demás, ha permanecido.

En estos dos meses he de admitir que ha llegado a mi vida gente que ha cambiado mi forma de mirar, personas que me han hecho reír a carcajadas (aunque también he llorado, lo admito), luchar por lo que creía y seguir adelante para llegar a lo que en estos dos días creo que he podido demostrar que puedo llegar a ser. De estas personas tan bonitas quizás ninguna lo lea, pero si vosotros lo leéis, quizás os sirva para apreciar a quienes tenéis a vuestro lado y puede que no se os haga tan tarde como se me hizo a mí, porque sí, pedir perdón es bueno, pero dar las gracias, a mí, me resulta increíble. Quiero seguir luchando mano a mano, conseguir ver que el camino tiene piedras, sí, pero que quizás no hay por qué sortearlas solos (oye, que algunas sí, tampoco hay que exagerar...) y quiero, por fin, ser feliz.

G R A C I A S.

18 de octubre de 2013

No importa el que llueva...

No importa cuantas veces intentemos evitarlo, siempre acabamos por discutir. Es sencillamente imposible que estemos bien y sin elevar el tono de voz más de tres días. Quizás sea lo mucho que nos queramos, el conocernos desde hace tan poco, el ser relativamente nuevas la una para la otra y, sin embargo, tener que compartir con la otra cuatro semanales...

Hace poco más de un mes que nos conocemos de algo más que de vista. Ese tiempo es el que llevamos juntas, el tiempo que hemos pasado hablando la una con la otra y que nos ha unido tanto como nos ha separado.

La primera discusión fuerte no llegó, no obstante, hasta hace casi dos semanas. Fue el estar juntas por primera vez lo que hizo que realmente descubriésemos como era la una para la otra y todo lo que fallaba... Discutimos durante tres días y al final fue un enfado poco olvidado; es en estos momentos cuando viene mejor ser olvidadizo, la verdad :")

Fue una semana llena de turbulencias, si es que se pueden llamar así, una relación amor-odio constante que llegó a su tope hace menos de una semana. Un cabreo que dio lugar a malentendidos hizo que nos distanciásemos mucho como equipo pero nos uniésemos de forma increíble como personas. La discusión fue más larga y en esta ocasión no se llegó a una solución hasta que una de las dos cedió, una cesión que hizo y, probablemente hará, que lo que un día se unió, no se separe si no nunca, al menos en un tiempo largo.

We're perfectly imperfect
¿Qué os quiero decir con esto? Algo sencillo, la amistad tiene sus pasos y, como en todo hay momentos de odio, lo único que hay que aprender es a afrontarlos y a superarlos juntas hasta el punto en que se consiga anularlos por completo; porque, de verdad, la amistad es una de las cosas más bonitas que existen <3
                    
  
Fdo. De parte de la amistad